Ciudad
de Buenos Aires.
Para mi lo significa todo.
Yo siempre la estuve amando.
Abrazó y envolvió el temporal vital de mi existencia desde los años azarosos de la infancia. Fue compañera, madre, maestra, novia, amiga y amante. Y siempre estuvo conmigo. Yo nunca la abandoné y a ella jamás se le dio por dejarme.
Yo la entreví en blanco y negro en las páginas de El Eternauta. Yo la soñé (como a las utopías) desde una mesa del Café La Paz. Yo la colmé de locura una tarde de niebla en el Bajo Belgrano. Yo la bebí en silencio en Honduras y la vía. Yo la tuve conmigo en Corrientes y Callao y la despedí en soledad compartida en el amanecer de cierto día que hoy prefiero olvidar.
Yo fui Florida y fui Parque Chacabuco, es verdad, pero también fui Boedo y Mataderos en el invierno de mi vida.
Y de mas está decir que también fui Puente Alsina.
Hoy la tengo a mi lado como siempre y siento que en definitiva, y a lo largo de los años, no he hecho otra cosa que caminar y desandar sus calles.
Por eso la recuerdo y la saludo como gloria y esplendor del ser humano
Eterna y querida Ciudad de Buenos Aires